jueves, 10 de noviembre de 2011

Por Alejandro Margulis

¿Cambio de paradigma o cotillón?


Periodista y editor del portal www.ayeshalibros.com.ar

Considerado por muchos el mayor cambio educativo desde que a fines del siglo XIX se estableció la enseñanza obligatoria, gratuita, laica y universal, la llegada de millones de netbooks a las aulas en Argentina y el resto de América Latina genera, en sus primeros meses, tanta expectativa como desconcierto y polémica.

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a carrera informática llegó al aula y está penetrando en la sociedad con la fuerza de un huracán de progresismo tecnológico.

¿Es la metáfora climática la adecuada para describir este acontecimiento? ¿Está bien hablar de una suerte de tsunami digital? ¿O sería más preciso decir, con los partidarios de la enseñanza ortodoxa, que la educación está frente a un virus irreversible y destructivo, sin vacuna conocida? Entre la fascinación y el pánico queda poco espacio para los términos medios, pero lo que no se puede discutir es que las NTIC (1) están entre nosotros. No hay vuelta atrás. Las computadoras de mano o netbooks –tan portátiles que las primeras que se entregaron contaron con un asa que permitía llevarlas a cualquier lado como una pequeña valija– son su más claro exponente y vienen a marcar un antes y un después en las políticas de Estado relacionadas con la educación.

Lo que es, lo que puede ser

A comienzos del siglo XXI, y en uno de los momentos más críticos del modelo educativo tradicional, la entrega masiva de netbooks busca reforzar la recientemente sancionada Ley Nacional de Educación (2), que garantizó “el derecho personal y esencial a recibir trece años de instrucción obligatoria”, es decir, la entrada al sistema de millones de jóvenes pertenecientes a los sectores más pauperizados de la sociedad.

A poco de andar en el nuevo camino saltó a la vista que resultados pedagógicos pobres, alarmantes índices de repitencia y una dificultad creciente para permanecer en el sistema pese a la voluntad asistencialista de la ley obligaban a considerar una nueva estrategia. Con astucia pedagógica, se consideró que había que darles a los chicos alicientes físicos palpables, de última generación, para que la escuela fuera verdaderamente inclusiva. El proyecto abrevó en la corriente mundial que trabaja para disminuir la así llamada “brecha digital” en los países pobres, fomentada desde el año 2000 por las Naciones Unidas como parte de los ocho Objetivos de Desarrollo del Milenio a conseguir en el año 2015, y en particular en el de fomentar una asociación mundial para el desarrollo a través, entre otras alternativas, de “garantizar el acceso a Internet con una computadora cada 100 habitantes”.

Así las cosas, los chicos y docentes latinoamericanos se acercan a velocidad creciente a los de los países de mayores índices de desarrollo tecnológico, como Estados Unidos o Corea del Sur. Según un informe de la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económicos (OCDE), a nivel de las escuelas secundarias Estados Unidos es hoy el país que mayor cantidad de computadoras posee por estudiante, a razón de 5 estudiantes por computadora; detrás suyo sigue Corea del Sur, con una proporción de 7 a 1 y la idea de abolir, para 2014, los libros de papel en las escuelas para reemplazarlos por tabletas electrónicas (3). Pero los latinos no se quedan atrás y así México, con una proporción de 11 a 1; Perú, 17 a 1; Chile, 20 a 1; Uruguay, 25 y Brasil, 33, avanzan rápidamente hacia el mismo objetivo.

En el informe de la OCDE se consignaba que la cantidad de alumnos por computadora en Argentina es de 25, pero la realidad es que a la vuelta de las vacaciones de invierno millones de adolescentes de las escuelas secundarias y de educación especial de la Argentina habrán recibido 1 millón de unidades, y antes de que termine el año otras 500.000. Las próximas compras se volverán a realizar, asegura el Gobierno, por licitación y con financiamiento de la ANSES, que adquirió un título del Tesoro Nacional para pagarlo a plazo: en 2010 se invirtieron 300 millones de dólares y en 2011 unos 1.000 millones de dólares (4). “Ya se entregaron más de 560 mil netbooks en todo el país, este año estamos distribuyendo entre 150 y 180 mil por mes y, además, hemos firmado convenios con las provincias para fortalecer las capacitaciones sobre el programa a los docentes, alumnos y directivos de las escuelas”, dice el director de la ANSES, Diego Bossio, quien se compromete a llegar a un número final de 3 millones para el año 2012 (5).

Nadie duda del efecto proselitista que estas entregas masivas van a tener en pleno año electoral, pero más allá del uso político (demagógico, populista o de avanzada, según como se lo quiera considerar) si las cuentas son prolijas y el otorgamiento transparente, cada alumno y cada docente de la escuela media y de los institutos de formación del Estado, además de los de colegios dependientes de las universidades nacionales y provinciales, muy pronto tendrán entonces la soñada netbook propia, convirtiendo al país en líder mundial con un promedio de una computadora por persona.

Marketing de punta

Hasta el momento solamente Uruguay había otorgado en la región una computadora por chico, aunque éstas fueron destinadas exclusivamente al nivel primario y a una población mucho menor, de 420 mil alumnos. En Argentina, los alumnos del nivel medio las reciben en comodato si y sólo si finalizan el colegio y no adeudan materias al terminar sus estudios. Como la filantropía termina donde arranca el marketing, cada netbook viene provista de una serie de isotipos que decoran las carcazas con los sellos de Presidencia de la Nación, el ministerio del área, la agencia estatal que lo financia, la marca del fabricante y el clásico logotipo del sistema operativo Windows creado por la corporación Microsoft, propiedad de Bill Gates. Y aunque están preparadas para funcionar también con Linux, muy pocos optan por este programa colaborativo. Curiosamente, las netbooks deben habilitarse cada tres meses en la escuela, y aunque la aspiración ideal es que los alumnos puedan hacer el desbloqueo por sí mismos, y que incluso aprendan a programarlas, por el momento el control de las máquinas está fuera de su alcance.

El fomento en el uso de las NTCI en el aula (con internet a la cabeza) también caló hondo en Buenos Aires, a pesar de las ideologías opuestas, y así el gobierno de Mauricio Macri repartirá 184.000 de acá a fin de año en las 440 escuelas primarias de la ciudad: su plan representa una inversión aproximada de 200 millones de dólares que incluye, en la intención, capacitación para los 14.000 docentes de la ciudad.

Panorama desde el aula

Agradecidos, los chicos reclaman que el sistema funcione en términos técnicos, cosa que aún no ocurre, empezando por la conectividad: “Hay wi-fi en los pasillos nada más, en el aula no hay. Los routers están rotos o cosas por el estilo”, dice Paula Ibiris, de 18 años, que cursa 5° año en el Liceo N°4, y sus palabras resumen una realidad reconocida por los funcionarios. “El problema son las empresas proveedoras de internet, que no tienen la infraestructura necesaria para garantizarlo en todo el país. Donde es posible se utilizan; donde no, las remplazamos por redes internas, de intranet. Lo que falta es que las empresas de telefonía coloquen el sistema de conexión masivo”, reconoce Silvina Gvirtz, gerente de Inclusión Digital Educativa del Programa Conectar Igualdad y coordinadora de capacitación en cuarenta escuelas de todo el país.

A esa limitación técnica se suma un clima escolar poco propicio para el intercambio didáctico, contra el que choca la propuesta de aprovechar dos saberes y dos ignorancias (de profesores y alumnos). Es el aburrimiento ostensible –cuando no la agresión, la descortesía o la violencia escolar– lo que la aparición de las NTCI parece haber venido a complicar todavía más. De hecho, el contacto de la gran mayoría de los alumnos con las computadoras es a través de los cyber y los jueguitos electrónicos, algunos de los cuales, como el popular Counter Strike, son utilizados por ejércitos como el de Estados Unidos para entrenar a sus soldados porque incrementarían el procesamiento de la información visual, facilitarían el desarrollo del lenguaje digital y darían un mayor aprendizaje para el manejo de las computadoras (6). Que los alumnos de esta época se obnubilen viendo escenas de peleas de otros chicos en Youtube o recurran al bullying (hostigamiento o acoso con agravios a un compañero) como modo de intercambio en los espacios comunes virtuales preocupa también a los docentes, aunque también la bajada de música y películas o la subida de fotos con frases (post), letras o decoraciones.

Esa capacidad de hacer varias cosas, todavía no muy apreciada o capitalizada por los adultos, a las nuevas generaciones les viene casi por ósmosis y así toman el uso de internet como algo normal y ahora, legitimado por el Estado. Materias como geografía, con el Google Earth; matemática, física, biología y plástica; inglés, literatura e historia son las más privilegiadas con la innovación. Enciclopedias virtuales como Wikipedia o de datos monográficos como Monografias.com, Elrincondelvago o Taringa llevan la delantera en las consultas. Pero otras trabas surgen en el mismo arranque: “Al principio las usábamos seguido, pero ahora las netbooks están calentitas en casa y las usamos allá, porque los profesores mucho no las aceptaron”, explica un quinceañero llamado Gastón Tomás.

¿Usuarios o consumidores?

La presunción de que el usuario es libre resulta para algunos, sin embargo, una falacia nada inocente. “Vos podrás darle una computadora a un chico que vive en Ecuador, Bolivia o Argentina, pero si no la sabe utilizar no sirve –dice Karina Borodnikoff, directora de Impacto New York e investigadora especializada en nuevas tecnologías–. El capitalismo ha llegado a un punto de agotamiento, el mundo avanzó más rápido que la posibilidad de consumo de su población. La masificacion de las NTCI también tiene que ver con la creación de consumidores electrónicos (e-consumers). La equidad social significa recibir la instrucción y educación adecuadas que permitan competir en el mercado laboral, no reciclar pobres transformándolos en los grandes consumidores del nuevo capitalismo electrónico en la era de la información.”

“Efectivamente, primero van a consumir –replica Gvirtz a el Dipló–. Ése es un primer paso inexorable. Pero no sabés lo que es ver a los chicos pobres de Misiones, de Chaco, llorando cuando se les dice que la netbook es suya. Y entonces las tunean con calcomanías, dibujitos, stickers de bandas de rock… El tema es que puedan aprovechar esa herramienta también para fines educativos, didácticos. Se puede ver todo negativo o verlo como una gran oportunidad. Estamos dando computadoras con programas increíbles. Va a llevar tiempo. Los ciclos de aplicación van a ser primero pasivos, luego se va a aprovechar el enorme caudal que se les ofrece. Nadie va a decir que no hay libros. Van a poder ir a la computadora y se van a bajar el Quijote, o videos, en el aula. O utilizar laboratorios, que para eso están los simuladores. Todo está ahí. Si la profesora es buena los va a estimular.”

“No se trata de digitalizar el Quijote sino de incorporar la noción de hipertextos a la enseñanza –agrega Borodnikoff–. Las NTCI implican pensar en paralelo. Pero si los programas de estudio no las incluyen de manera efectiva, si la capacitación no se corresponde con la realidad y si todavía no pudimos enseñar a los chicos a razonar a la vieja usanza, ¿cómo las vamos a poder aplicar? Discursivamente, estamos todos de acuerdo. Pero la prioridad es entender que estamos frente a un nuevo paradigma del conocimiento. Todo lo demás es cotillón.”

Polémica aparte, entre los docentes prevalece la confusión; aún nadie sabe a ciencia cierta si el uso de las computadoras es una amenaza o una gran alternativa. Hasta este año Lila Rucci, profesora de Lengua y Literatura en el Colegio Nacional 2 “Domingo Faustino Sarmiento”, usaba la computadora en su casa para buscar información y armar antologías de textos. No obstante, entendía que el sistema de clase tradicional, de libro de texto y un docente intentando captar la atención de los chicos dispuestos en fila mirando hacia el frente, con el pizarrón como fuente de información exclusiva, estaba declinando.

“Es muy difícil mantener hoy en día esa liturgia. A los chicos les cuesta muchísimo sostener la atención; se distraen con los celulares. Como en cualquier diálogo, que otro mire para otro lado o esté enviando mensajes de celular es una actitud descortés, desconsiderada. No es que todo el tiempo sea así, pero la dispersión en el aula es permanente”, observa. “Uno tiene idea de lo que están viendo en las pantallas por las actitudes: cuando están muy concentrados, moviendo ágilmente los dedos, es que están chateando; cuando juegan al fútbol o con simuladores de carreras se acompañan con exclamaciones; si se acerca un compañero al otro como hipnotizado es que están mirando videos; si se ponen los auriculares están bajando música; si cierran la ventana cuando uno se acerca es porque no están concentrados en la clase sino en Facebook, MySpace, Twitter o en cualquier otro lado de donde tienen que estar, y así ocurre la mayor parte del tiempo”, agrega.

Salvo por el uso de Word, Excel, Power Point o de algunas codificaciones de búsquedas que forman parte de la materia Informática, son muy pocos los programas que la mayoría de los alumnos suelen conocer. “Siempre pueden aparecer dos o tres chicos que usan un editor de películas como el Movie Maker o hacen un trabajo extraordinario con el Power Point –señala Rucci–. Pero esto tiene que ver con el capital cultural que traigan desde sus casas. Un chico al que le han leído en la casa va a tener más capacidad que uno que nunca tuvo libros. Y lo mismo pasa ahora con las netbooks. Es tarea de la escuela guiarlos para que las aprovechen más, e incluso para que desarrollen las habilidades que ya tienen y puedan llegar a ser mejores estudiantes y personas.”

1 Nuevas Tecnologías de la Información y de la Comunicación (abarcan no sólo computadoras sino también teléfonos celulares). También llamadas Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC).

2 Ley 26.206, promulgada el 27 de diciembre de 2006.

3 Andrés Oppenheimer, “Una brecha digital cada vez más amplia”, La Nación, Buenos Aires, 12-7-11.

4 Website del Programa Conectar Igualdad, “¿Cómo se subsidia el programa?”, http://conectarigualdad.gob.ar/preguntas-frecuentes/

5 Website del Programa Conectar Igualdad. El Programa Conectar Igualdad inauguró su segunda sede. http://www.conectarigualdad.gob.ar/noticias/eventos/el-programa-conectar-igualdad-inauguro-su-segunda-sede/

6 Rafael Amorena, “Los jóvenes y las nuevas tecnologías” , Impacto New York, septiembre de 2010.


© Le Monde diplomatique, edición Cono Sur

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